CÓMO SE EDITA UN TEXTO: LAS CINCO REGLAS DE BOTSFORD

Origen: CÓMO SE EDITA UN TEXTO: LAS CINCO REGLAS DE BOTSFORD

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una jenniffer desnuda

– Ariadna M. Godreau-Aubert Parece todo sencillo aunque no lo es: una mañana cualquiera, uno de los principales comentaristas de radio se siente creativo. Aquí diría que hay una correlación e…

Origen: una jenniffer desnuda

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Presentación-conferencia sobre el libro de cuento Carnaval de sangre de Ana María Fuster Lavín

carnaval

Editorial EDP
2da edición, 2016

Los años de estudios universitarios, en particular los de la escuela graduada, nos inducen a adentrarnos en el mundo de la crítica literaria desde variadas perspectivas teóricas. Todo el que estudia literatura reconoce los nombres extranjeros: Bajtín, Kristeva, Genette, Barthes, entre muchos otros. Siguiendo las corrientes actuales, nos sumergimos en estas teorías y desde sus respectivas ópticas leemos, enjuiciamos e interpretamos. No quiero decir que todo este entramado académico sea inútil. Al contrario, ayuda a expandir nuestros puntos de vista y profundizar en la lectura de los textos de ficción. Sin embargo, es muy importante no olvidar que el fin básico de la literatura es tomarnos de la mano y llevarnos hacia un mundo creado por el autor o autora y ofrecernos la oportunidad de vernos en el texto; reconocernos, claro, como individuos y como sociedad que, como les digo a mis estudiantes, siempre será el fin último de cada cuento o novela que se ha escrito y se está por escribir.
Entonces, ¿qué hace a un libro bueno? Esta pregunta me la formulan muchas veces. Me dicen, ¿cómo enjuicia usted un texto para luego decir si es bueno o no? Yo contesto a la primera interrogante que a un libro lo hago bueno yo; es decir, que uno como lector en su individualidad es quien pasa juicio de los valores de una lectura determinada. Ahora bien, según uno lee y se desarrolla intelectualmente, va adquiriendo herramientas que le ayudan a evaluar mejor las lecturas a las que se enfrenta. En mi caso, mi preparación y continuo ejercicio de lectura me permite, más allá de lo evidente, reconocer el entramado técnico que puede utilizar un escritor. Diría que, la experiencia en el campo me ayuda a percibir mejor el empeño de quien crea una fábula, sea un cuento, una novela, incluso un ensayo o poema. A lo que me refiero, a fin de cuentas, es que se puede percibir el esfuerzo y las horas de trabajo que el autor dedicó a su obra. Esto se refleja en la profundidad en el tratamiento de los temas, las técnicas narrativas que utilice y los referentes a los que aluda el escrito; esto último dependerá, por cierto, de que uno como lector pueda reconocer las alusiones extraliterarias.
Hoy tengo el placer de presentarles la colección Carnaval de sangre: microcuentos y otras brevedades de la palabra, una excelente pieza literaria que conmueve profundamente y nos hace reflexionar acerca de la vida y la muerte, entre muchos otros temas. Este es un texto bien pensado y muy trabajado en el que se ha cuidado cada detalle. El concepto del carnaval, según lo desarrolló el crítico ruso Mijail Bajtín, alude a aquel lugar de la fiesta en la plaza pública en la que se permite la transgresión de todas las normas. Diríase que el título nos lleva a cuestionarnos el orden de las cosas según lo hemos aprendido, es decir, a evaluar e impugnar los esquemas mentales que han moldeado nuestra psique colectiva. Pero este carnaval es de sangre, lo que sugeriría violencia. Una violencia enmascarada con el fin de ocultar o disimular nuestro lado feo, el más oscuro, aquel que no queremos o podemos ver. El lado irracional que nos vincula al resto, a la manada, como se alude precisamente en uno de los microrrelatos que conforman la colección.
El libro se divide en cuatro secciones, con 58 microcuentos que se pueden leer individualmente o en conjunto, y que dialogan entre sí.
En la primera parte se encuentran trece relatos cuyo común denominador es la ironía y la desolación. El epígrafe de esta primera sección avisa el tono irónico que se percibirá en las trece historias que lo configuran: “Sin ojos: habitantes de la ciudad silente”. Los que no ven o no quieren ver y viven en una ciudad silente a pesar del bullicio que implica vivir en las urbes, son los personajes de esta primera sección. Aquí encontrarán representadas a personas comunes y corrientes agobiadas por toda suerte de calamidades propias de la sociedad moderna, y hundidas en su propio vacío existencial: un jugador de fútbol odiado y aplaudido, esposas inconformes con su vida, profesionales agobiados con la rutina, mujeres y hombres enajenados, angustiados, llenos de temor, mucho temor. Y, entre todos ellos, el escritor. En este, la sangre que brota de las heridas, en lugar de muerte, dan vida, pues son la fuente de las palabras. Del dolor de la terrible cotidianidad, surge la palabra. La que expresa las ansias, los deseos y las culpas. La sangre derramada que puede ser muerte, se convierte en vida cuando es vertida en el papel. Esta idea aparece por primera vez en el libro en el cuento De regreso a la sangre, a mi parecer, toda una joya literaria.
La segunda sección del libro es la de los relatos más densos, debido a que en estos el lirismo de la voz narrativa se expresa con toda su carga poética. Con el título Bajo la cama: trece días en el abismo y un final feliz, estos relatos nos invitan a compartir los oscuros rincones de la conciencia del personaje, desde el reducto último de la intimidad: la cama. Y es allí donde se producen los sueños y también las pesadillas, y donde la protagonista enfrenta a una sombra que la asedia y la arrastra, y que invita al lector a caer junto a ellas por el abismo del inconsciente, pues si leemos desde la óptica teórica del siquiatra suizo, Carl Gustav Jung: “…la sombra, por su naturaleza, puede ser inferida en gran medida desde los contenidos del inconsciente personal”[1]. Jung trabaja la sombra como uno de los arquetipos de su teoría de la personalidad, como una forma que tenemos los humanos para acceder a esos contenidos que son individuales, pero también colectivos. Así, bajo la cama se encuentra Insomnio y la sombra, pero con una lectura más perspicaz nos encontramos a nosotros como sociedad, como miembros todos de la raza humana.
En la tercera sección continúa el Carnaval. Bajo el título Carnaval de voces y sueños: amores caníbales se agrupan catorce relatos que exponen los juegos con las voces y la sangre. Reaparece aquí uno de los temas que hilvanan este libro: la metáfora de la sangre como vida y muerte. Sangre como vida cuando se perfila a través de la palabra, la que nos da sentido, la que nos salva y nos devuelve el ser, como en el cuento El cazador de sueños, para mí, el más hermoso de todo el libro. Otros relatos presentan un juego con las voces desde una perspectiva más lírica Fuga de voces, La voz dormida, De voces y de sueños, Sequía. En estos se manifiesta nuestra humanidad y desolación, aunque parece haber alguna esperanza; como lector, quiero tener la ilusión de que no todo está perdido, de que hay algún escape. Y es que, en muchos de estos cuentos, las voces articulan palabras con sentido, solo cuando ocurre el encuentro con el Otro, así con mayúscula, desde nuestra humanidad.

La cuarta sección lleva como epígrafe Los placeres de la muerte: carnaval de sangre. Aquí la sangre fluye a borbotones en los diecisiete relatos. La alienación, el morbo y la crueldad se exacerban, tal como dice uno de los personajes: “Tal vez, el odio sea la fuente de la energía universal…”. Ante el dolor y el miedo, reaccionamos con indiferencia en una sociedad en la que la pasión por los objetos ha superado por mucho el amor, el deseo por el sujeto. Tales ideas se perciben en el cuento La ética de la crueldad, relato que recoge y resume esa visión acerca de nuestras inclinaciones oscuras e irracionales.
En fin el libro cierra como inició, en un carnaval de sangre en el que los relatos nos incitan a contemplar nuestra sombra, aquella que, como mencioné al comienzo de mi exposición, alberga lo feo, lo grotesco, lo que no queremos ver. Es como si el libro fuese un espejo y nos obligara a preguntarnos como lo ha hecho alguno de los personajes de Fuster: “¿Soy yo ese que está del otro lado? Y como el Carnaval de Bajtín, esta colección de cuentos nos conmina a entrar al carnaval y allí al leerlos, al leernos, buscar la expiación de nuestros miedos y culpas.
Como mencioné al principio, Carnaval de sangre es un texto con todos los méritos y atributos de un libro bien pensado y bien escrito. Sus valores emergen por sí mismos, más allá del ojo visor del crítico. Ciertamente estamos ante una gran escritora. Les recomiendo la lectura, los invito a entrar al Carnaval, pero, ya están advertidos.

Dr. Ricardo Rodríguez Santos
Catedrático auxiliar
UPR Carolina
17 de mayo de 2016

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Diario de una isla: Ni la llovizna

Diario de una isla: Ni la llovizna.

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El alzhéimer, el País y yo

lalo

Por: Ricardo Rodríguez Santos

Fue una madrugada de principios del año 1974 cuando el alboroto me despertó. Mi madre y mi padre recibían con alborozo al hijo artista que regresaba de Nueva York con un acetato en sus manos. No tenía idea de lo que sucedía, ni, todavía en aquel momento, lo que era un acetato. Solo recuerdo que, aún medio dormido, tomé en mis manos aquel objeto plano y cuadrado con un retrato al frente que mostraba una gigantesca mano roja que bajaba del cielo a tocar un piano, The sun of latin music, decía en letras también grandes. Mi padre abrió el objeto y extrajo el disco negro con un orificio en el medio, lo colocó en el tocadiscos tipo consola de madera que había en la sala y lo puso a dar vueltas y a sonar a todo volumen. Mientras yo embelesado me entretenía viendo el coco que tenía el disco en el centro con letras pequeñas en inglés y en español, los vecinos se levantaban y llegaban a la casa a compartir el jolgorio que se había formado. ¡Mi hermano cantaba en el tocadiscos!

Mi madre aún recuerda el suceso con todos sus detalles. Aunque cada quince o veinte minutos me pregunta si le di las pastillas o le “puse” la insulina. Uno de los síntomas de esta plaga moderna es el olvido inmediato. Lo que llaman la memoria a largo plazo no se afecta tanto como lo que sucede en el momento. Los que viven con algún familiar con alzhéimer saben de qué hablo.

Mi madre no solo recuerda con detalles, sino que narra sucesos de la época constantemente. Este período de tiempo que va desde 1968 hasta el 1980 más o menos, cubre unos años que se marcan particularmente por la caída vertiginosa y estrepitosa del modelo de democracia que significó el ela que Muñoz inauguró en 1952. Yo era un niño, ajeno a los grandes sucesos que ocurrían a mi alrededor.

Los recuerdos que tengo se refieren a las conversaciones entre los adultos. Coloquios de los cuales generalmente me excluían. A veces, sin embargo, mis padres, mis tíos, mis vecinos adultos, asumían la pose de maestros y en lugar de expulsarme de la sala, veían la oportunidad de instruirme con la Verdad. La verdad, según el discurso de todos ellos era que, a pesar de la crisis (crisis causada por entes extranjeros, por cierto) vivíamos, yo vivía y disfrutaba, en un paraíso. La xenofobia (juro que jamás hubiese utilizado esa palabra en esos años) que sudaban por cada poro los llevaba a todos a referirse con desprecio acerca de la República Dominicana. Decían, y repetían, que los dominicanos tenían luz eléctrica dos horas al día, que el agua no era potable nunca, que los jueces y los policías eran los más corruptos, y que cada vez que había una protesta, el gobierno les echaba la guardia nacional.

Decían también, más bien afirmaban categóricamente, que todo se debía a que el país era una república  así con voz bien bajita, porque era una mala palabra y no podía decirse mucho la palabrita. De manera similar se referían a los países latinoamericanos. Allá, según proclamaban los adultos al unísono, no se puede vivir. La gente se moría de hambre y los gobiernos no tenían presos en las cárceles, porque los torturaban y los desaparecían. El contraste era la Gran Nación del Norte y su espejo en el Caribe. Mira niño, recuerdo que me enfatizaban, dale gracias a Dios por los americanos. Ellos son los buenos, los cheches, los que rescatan al pobre y jamás, ¡jamás! torturan ni masacran al enemigo, no importa lo cruel que este haya sido. Aquí tienes cupones, tienes becas y tienes la oportunidad de entrar en el “army” y asegurar tu pensión.

No recuerdo con precisión, pues era un adolescente, pero una vez parece que pasó algo, no supe qué hasta muchos años después. Lo que sí recuerdo fue ver a soldados armados vigilando estaciones eléctricas. En Country Club, había una justo detrás de la piscina en la tercera extensión. Allí vi el primer soldado. Esperé que los adultos se reunieran en la casa de mi padre y pregunté. Las caras se pusieron serias. Con un tono grave, uno de ellos me susurró: Mijo, es que hay gente mala, esas que hacen huelga son los enemigos de la democracia. Estuve ajeno a todos los procesos sociales hasta que entré en la universidad, y desde entonces he estudiado las causas y razones para que la gente no hable de todas las luchas políticas, laborales y sociales que se han dado en este País.

Resulta irónico que mi madre recuerde la época, pero olvide el presente, mientras el pueblo parece funcionar a la inversa. Hoy, luego de cuarenta años conseguí el LP de Palmieri en ebay. Celebro la adquisición a la vez que escucho a mi madre que me pregunta de nuevo si le di las pastillas y le “puse” la insulina, y pienso que mi pueblo sufre un síndrome similar, pero al inverso: recuerda solo lo inmediato y olvida todo lo acontecido el día anterior y la semana pasada y las décadas anteriores. Mientras pienso cómo conseguir un tocadiscos que funcione, espero que mi País despierte. Entretanto, atiendo a mi madre, quien recuerda clarito el día que volvió mi hermano con su disco bajo el brazo.

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De la inundación a la explosión: la literatura puertorriqueña ahora

“Un libro, cualquier libro, es para nosotros un objeto sagrado.” Borges

Cuba y Puerto Rico son.

Ricardo Rodríguez Santos

Apenas naciente la Revolución cubana, en 1959, Virgilio Piñera llama la atención acerca de los cambios que se producen como resultado del triunfo de Castro y los llamados Barbudos. Uno de los que más le sorprende es la cantidad de escritores surgidos casi de la nada, tal como él mismo afirmaría luego en un escrito titulado La inundación: En estos días del triunfo revolucionario – mitad paradisíacos, mitad infernales – no podían faltar en la gran inundación los escritores. Me sorprendió grandemente que en vez de una gota de agua aportaran Nilos y Amazonas… No podía dar crédito a mis ojos. ¡Cómo! ¿Dónde yo contaba diez o doce habría que contar doscientos, acaso quinientos o quién sabe si mil? La inundación ilustrada (o la ilustración inundada, léase como se quiera) anegó en su mar de tinta las planas de los periódicos: en estos días se ha hecho más “literatura” en Cuba que en una década ¡qué digo! que en cincuenta años de República.

Según varios estudiosos del tema, el triunfo de la Revolución impacta de inmediato la producción literaria en Cuba, si se toma en cuenta el auge editorial de la narrativa. Armando Pereira señala, por ejemplo, que en la primera década de la Revolución se publicaron casi sesenta novelas, más que en todas las décadas pasadas del siglo juntas. Este auge se debió mayormente a que el nuevo orden revolucionario permite el acceso a la imprenta de manera más abierta, con menor dificultad para publicar, pero con la condición limitante de escribir desde “dentro” de la Revolución.

En estos días en los que algunos celebran y otros sufren los 55 años de la Revolución, y que se desploma la cortina que separaba a Cuba de los Estados Unidos, parece casi una jugada del destino el hecho de que la es la literatura puertorriqueña la que atestigua un crecimiento editorial, de seguro sin precedentes, aunque no se ha realizado un inventario formal de todos los poetas, ensayistas dramaturgos y narradores que han publicado, y continúan haciéndolo.

Piñera hace sus comentarios desde lo que parece ser una óptica elitista, clasista, excluyente, aunque las circunstancias, claro, eran muy distintas a las nuestras. En nuestro País, también confluyen diversas y variadas visiones acerca de lo que es y lo que no es literatura. Aquí se enfoca la producción literaria desde una óptica similar a la que esgrimió el gran narrador cubano. Se comenta, a veces despectivamente, acerca de los grupos de escritores que, luchando contra todos los obstáculos económicos, políticos y hasta culturales, escriben y publican, la mayor parte de ellos por cuenta propia, ya que el gobierno brilla por su ausencia en el auspicio de los escritores nacionales.

Frente a los grupos de la élite se aúpa una cepa de poetas y narradores quienes, ante la ausencia de apoyo, han recurrido a las redes sociales para darse a conocer. La gran cantidad de nuevos escritores, más que una inundación, es una gran explosión. Cada semana se presenta un nuevo título, lo que resulta en la imposibilidad de seguir la lectura debido al volumen de publicaciones. En estas, el nivel de excelencia varía según los gustos de cada lector. Para mí, la calidad de los escritos sobrepasa cualquier expectativa. Lo más importante, no obstante, es que, a pesar de las circunstancias económicas y políticas que padecemos desde hace cinco siglos, la literatura puertorriqueña está más viva que nunca. Y si la literatura vive, la Nación respira. De los rastros que deje este estallido, solo el tiempo dará fe.

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Los que escapan del paraíso

Manuel Díaz Martínez

En 1980, un ómnibus entró a la fuerza en la Embajada del Perú en La Habana. En 1994, miles se cubanos se lanzaron al mar. El éxodo continúa

Camilo Ernesto Olivera Peidro, La Habana.
Embajada PerúLos miles de cubanos hacinados en la embajada no pedían agua ni comida, sino que les dieran la salida de Cuba. (Foto archivo)
(CUBANET, 4/4/2015)  En el terreno, ubicado en Quinta Avenida entre las calles 72 y 74, no quedo ni rastro de la otrora Embajada del Perú. Este sitio se convirtió, en abril de 1980, en el refugio de más de 10 000 cubanos que decidieron escapar de un fracaso con nombre de paraíso. El castrismo ubico allí, durante los 80s, un museo en recordación, entre otras cosas, de las enardecidas turbas que protagonizaron los mítines de repudio contra los que se iban.
Ómnibus irrumpe en laembajada
En la tarde del 1ro de…

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Ricardo Rodríguez Santos: de ida y vuelta con Reinaldo Arenas

palimpsesto

reinaldo_arenas

Ricardo Rodríguez Santos: de ida y vuelta con Reinaldo Arenas
SÁBADO 15 DE MARZO DE 2014 01:28 MARIOANTONIO ROSA CLICS: 662 SECCIÓN: PÁGINA 0 – CRÍTICA LITERARIA

El Post Antillano

“Con esa tristeza del desterrado que es desterrado de su destierro”.

-Reinaldo Arenas

Marioantonio Rosa

Creo que lo vi desterrado, terminándose el exilio, con esos intentos que las palabras no dejan descubrir, y sin embargo existen, y matan. Creo que lo vi en aquél Nueva York de 1990, donde se acorralan muchas voces, se ahogan otras, se canibalizan los buenos sueños y el alma es considerada innecesaria. Se fue hacia la muerte, Reinaldo, con su verbo inconcluso. Su apellido, Arenas, quedaba en la comisura de las playas de una Cuba prohibida para su esencia, y a donde nunca regresó. Contemporáneo y amigo de José Lezama Lima y Virgilio Piñera, fue encarcelado y torturado, llegando a admitir lo inconfesable y a renegar de sí mismo. Le robaron su espejo, lo trizaron y ni siquiera hubo esperanza de cenizas. Como Boris Pasternak, en su gólgota personal, adolorido ante el paredón de Vladímir Semichastny, quien, en campaña de descrédito se atrevió a decir, muy serenamente que, “Si comparamos a Pasternak con un cerdo, un cerdo no haría lo que él ha hecho, porque un cerdo jamás defeca allá donde come” frase ruin que destrozó al genial poeta autor de “Dr. Zchivago” casi lanzándolo al suicidio. Con Reinaldo Arenas se dio la misma fórmula, las palabras malditas, los azogues amargos, el castigo contra el espíritu, la herida irredenta. Peor aún, Reinaldo Arenas no resistió el aquelarre marxista, y luego de una carta emotiva a la intelectualidad cubana en el exilio, donde se despedía, decide suicidarse. Ya la vida lo había estrangulado, y esa soledad de un escritor cumbre de la Literatura Caribeña e Hispanoamericana, no era esa soledad donde San Juan de la Cruz, echaba su contemplación al Amado, sino que era la soledad de los sepulcros, de los andares de insomnio y calaveras, de esa navaja que se siente traspasando el atrio del alma y los vivido, de manera fugaz, e inquisidora. La historia de la literatura universal está marcada por el amor, desamor, la política, los salones de la envidia, los crímenes de odio-aún clama Federico, en su barrica de Víznar-y el otro odio, ése, el fiel a la sonrisa y el silencio, y que de espaldas, calcina y vuelve a dar el frente, con un ramo de esmeraldas.

Olvidado Reinaldo Arenas. Olvidado poeta, narrador y novelista. Olvidado, no, ha regresado, son ya muchos estudios que celebran su obra y la proyecta al fin, con altura y armonía. El autor de “Antes de que anochezca” “Celestino al alba” “Otra vez el mar” “El mundo alucinante” y “Arturo, la estrella más brillante” entre otras obras, estrenó su partida bajo clima de mortales, y regresa a la memoria que no ha podido olvidarlo.

Casa de Los Poetas publica bajo la rúbrica de Ricardo Rodríguez Santos un nuevo libro en perspectiva, “Palimpsesto Caribeño: Intertextualidad en El mundo alucinante de Reinaldo Arenas” libro que recrea la tesitura de ese enfrentamiento de Arenas contra la revolución liderada por Fidel Castro, Ernesto Guevara, Raúl Castro, y la marca del detonante que llevó al exilio a Reinaldo Arenas. Triada que baja victoriosa desde Sierra Maestra en el 1959 y sesga la hegemonía de Fulgencio Batista en una Cuba privatizada por los buenos intereses hoteleros norteamericanos, y dolor de un pueblo sin tierra, ni futuro. Hablamos con Ricardo Rodríguez Santos, su autor, y la confección de este libro audaz, ágil y necesario. “Estudié mi maestría y doctorado en literatura estimulado por don Ricardo Alegría en el Centro de Estudios Avanzados. En aquel momento me motivaba el deseo de conocer sobre mi País, salvar la distancia impuesta por un sistema de enseñanza pública que no enseña la historia ni los valores patrios. Pero, si ajeno me encontraba de la historia y la literatura de la Isla, más lo estaba (y ciertamente estoy todavía) de la historia y literatura cubanas y dominicanas. Mas, el caso cubano es particular, pues desde pequeño escuchaba toda clase de historias acerca de la Antilla mayor y el mito de Fidel. De modo que cuando entré a estudiar en el Centro siempre supe que escribiría sobre Cuba. Las lecturas iniciales solo lograron aumentar mi curiosidad. Según uno se adentra en la historia cubana más se percata del gran parecido con la nuestra. Los procesos históricos y políticos son muy afines. Solo que el gran muro que nos separa ha obstaculizado que podamos conocernos mejor. Así que la experiencia de estudio ha resultado en una rica, complicada y compleja, pero gratificante.

He dedicado los pasados treinta años a estudiar la historia y literatura caribeñas. Este es mi primer libro. Es mi primera publicación, aunque tengo en agenda varios escritos sobre literatura puertorriqueña, a la que he regresado por el boom de publicaciones que ha surgido en la última década.”

Sobre los motivos de su libro nos abunda y la vigencia de Reinaldo Arenas; “Planteo en mi libro la marginalidad de la narrativa cubana con respecto a Puerto Rico. Uno de los problemas, de los muchos que enfrenta un investigador de la realidad cubana, lo discuto en el primer capítulo del libro, y es la existencia de un enorme muro que separa (aparte de la distancia física) a los pueblos caribeños. Esta separación se produce por razones políticas, claro. El bloqueo estadounidense ha acrecentado el abismo que nos separa. Conseguir lecturas sobre la época que abarca el estudio fue y es una tarea muy difícil. Si se le pregunta a un joven universitario promedio acerca de algún narrador cubano, probablemente mencione a Alejo Carpentier. Y es que El reino de este mundo es de los pocos textos que se leen en las universidades del País. A Reinaldo Arenas se le ha marginado desde el comienzo de su producción literaria. Su obra se estudia y analiza en círculos intelectuales, pero no se le menciona como a otros. (Pienso en José Lezama Lima y Virgilio Piñera, por ejemplo). Aun así, entiendo que falta por hacer para salvar esa distancia que nos mantiene ajenos a los países que conformamos la zona caribeña. Rescatar la literatura es parte de esa tarea. Ese es uno de los propósitos primordiales de mi libro”.

El germen del concepto de intertextualidad lo hallamos en la teoría literaria de Mijaíl Bajtín, formulada en los años treinta del siglo XX, la cual concibe la novela, en particular las de François Rabelais, Jonathan Swift y Fiódor Dostoyevski, como polifonías textuales donde establece relaciones dialógicas esenciales con ideas ajenas. En el caso de la novela, que es el que le ocupa, el escritor sabe que el mundo está saturado de palabras ajenas, en medio de las cuales él se orienta. Desde ese paralelo, abarcamos a Ricardo Rodríguez Santos sobre la intertextualidad y la escritura contemporánea; “Cuando me planteé el estudio de El mundo alucinante pensé en hacer algo distinto, una aproximación diferente. Para mí fue una experiencia singular. Fui educado en el sistema tradicional. Solo al llegar a la escuela graduada es que comienzo a conocer de todas estas teorías y perspectivas. Conocí, entonces, a Barthes, a Bajtín, a Genette y muchos otros. Luego, gracias a la profesora Rita Molinero, conozco la obra de Reinaldo. Decidí entrar a Cuba por su obra, y junté ambas cosas. El resultado está en mi libro. Sé que la lectura puede ser doblemente complicada, pues no solo requiere conocer la obra de Arenas, se necesita la disposición de leer con otros ojos críticos, los ojos de la posmodernidad quizás. Con respecto a la pregunta diré que, si se leen las teorías acerca de la intertextualidad, si se lee a Bajtín y a Kristesva, si se discute a Barthes y a Linda Hutcheon, la respuesta sería que sí, todos los autores pasados y contemporáneos son (somos) intertextuales, desde la perspectiva más amplia de la definición del término. Pero ese es un tema vasto. Requiere una conversación más extensa”.

Regresamos al “El mundo alucinante” de Reinaldo Arenas y la visión de Rodríguez Santos sobre nuestra Literatura Nacional y ese “laberinto” creado que nos distancia de la Cuba Literaria nos expresa;. “Antes que anochezca, la autobiografía novelada de Reinaldo es un ejemplo excelente de autointertextualidad en la ficción y en la vida ¿real? Si se lee primero El mundo alucinante uno se sorprende de cómo se parecen las vidas de Servando, el protagonista de la novela, y Reinaldo, el de la autobiografía. Ambos fueron seres marginados y perseguidos por el sistema; ambos sufren cárcel y logran fugas inverosímiles. La novela de Arenas fue escrita entre 1964 y 1965, pero su mensaje de libertad está hoy más vigente que nunca. La autobiografía, escrita por un Arenas mucho más maduro como escritor, permite al lector conocer algo de la vida y miserias del autor, pero, para saber más, es necesario buscar, leer, investigar ese mundo vedado que conforma nuestra caribeñidad. Y eso me lleva a la quinta pregunta. Nuestra literatura ha visto un renacer editorial en esta década. La poesía y la narrativa se publican por editoriales pequeñas y por autogestión de los escritores. Muchos de ellos son egresados de la Maestría en Creación Literaria del Sagrado. El resultado, aunque desigual en algunos casos, no puede menos que hacernos sentir optimistas en cuanto a la supervivencia de Nuestras Letras. Aun así, la barrera entre nosotros y la comunidad caribeña continúa. Si bien es cierto que los estudios sobre la literatura cubana, y la dominicana por supuesto, se han multiplicado (gracias a la gestión de los centros de estudios como el Centro de Estudios Avanzados y la Universidad de Puerto Rico se conocen y estudian a escritores como Abilio Estévez, José Antonio Ponte y Pedro Juan Gutiérrez, Leonardo Padura, Zoé Valdés, Daína Chaviano, por mencionar solo a los cubanos), todavía quedan muchas barreras por superar, muchos muros que derrumbar para lograr el sueños de los Patriarcas (pienso en Betances): una sola Patria, una sola Nación caribeña y solidaria”.

Deseo convocar al poeta Reinaldo Arenas, en su amargura y luminosidad, en su estirpe guerrera y en su flaqueza ante las sombras. Lo convoco con un soneto escrito por él, y que nos ubica en su esencia extraordinaria, imparable a pesar del asecho de las rejas.

“Tú y yo estamos condenados

por la ira de un señor que no da el rostro

a danzar sobre un paraje calcinado

o a escondernos en el culo de algún monstruo.

Tú y yo siempre prisioneros

de aquella maldición desconocida.

Sin vivir, luchando por la vida.

Sin cabeza, poniéndonos sombrero.

Vagabundos sin tiempo y sin espacio,

una noche incesante nos envuelve,

nos enreda los pies, nos entorpece.

Caminamos soñando un gran palacio

y el sol su imagen rota nos devuelve

transformada en prisión que nos guarece.

(La Habana, 1971)

La presentación de este libro tendrá lugar el próximo jueves 20 de marzo a las 5:30 PM en la Sala Olga Nolla de la Universidad Metropolitana en Cupey.

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Ver Latitud 18.5 Dr. Ricardo Rodríguez Santos en YouTube

Latitud 18.5 Dr. Ricardo Rodríguez Santos: http://youtu.be/Qm3njuLvPNw

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Angélica furiosa: ¿Una literatura invisible?

De Centeno

La visibilidad o la invisibilidad de la literarura puertorriqueña es un tema recurrente en los tiempos recientes. Les sugiero este artículo para meditar y conversar sobre el tema. ¡Buena lectura! Marlyn

http://angelicafuriosa.blogspot.com/2015/03/una-literatura-invisible.html?m=1

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